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A PESTE NOS CURAT
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Oraciones


A continuación te ofrecemos las oraciones que preceden los Cultos a Nuestros Sagradísimos Titulares si bien te pueden servir de reparo espiritual en cualquier momento que necesites acercarte a Nuestro Padre Jesús Nazareno con la intercesión de María Santísima de los Dolores y Santa María Magdalena.

 

Oraciones a Nuestro Padre Jesús Nazareno

 

  • ¡Señor mío Jesucristo, Padre amoroso y dulce Dueño de mi corazón, qué confusión experimenta mi alma cuando fijo la vista en esa Imagen expresiva del mayor abatimiento y del más indecible dolor, y luego considero que la causa de ese dolor y abatimiento fueron mis culpas!
     
    Sí, Jesús mío, el peso de esa Cruz que te abruma es el de mis iniquidades que por el amor ardentísimo que me tuviste, quisiste llevar sobre ti.
     
    Esas humillaciones que sufres camino del Calvario, esa befa, esos insultos que contra Ti se dirigen, ¡oh, amantísimo Cordero!, no fueron otra cosa que la expiación de mi orgullo y vanidad.
     
    Esas espinas que traspasan tus sienes divinas, no fueron sino las consecuencias de mis afectos desordenados a los placeres de la carne.
     
    ¡Ay, Jesús mío, cuánto me pesa de haber pecado, cuando veo que tus sufrimientos me dicen de la manera más elocuente cuánta es la gravedad de la culpa y cuánta su malicia, toda vez que mi Dios, para castigarla, no ha perdonado a su Hijo unigénito sino que los ha entregado a los padecimientos y a la muerte misma!
     
    Yo quisiera que mi corazón se quebrantara a impulsos de la compunción y el dolor, y que un torrente de amargo llanto testificara el pesar que me aflige por haberte ofendido.
     
    Perdóname, Salvador mío, según tu gran misericordia, y dame gracias para nunca ofenderte y siempre amarte. AMÉN.

 

  • Jesús amabilísimo, que no contento con ofrecerte víctima de propiciación por los pecados del mundo, quisiste llevar sobre tus espaldas sacratísimas el instrumento más infamante de tu suplicio, lleno de santa alegría al ver cuánta gloria había de dar a Dios y cuántos bienes al mundo aquel leño sagrado: yo te suplico humildemente me concedas que acepte, como de las manos de Dios, las cruces de esta vida, y que las lleve con resignación y alegría, convencido de que así daré gloria a Dios y labraré la corona de mi gloria. AMÉN.

 

  • Amantísimo Jesús, gracias te doy de lo íntimo de mi corazón por la sublime enseñanza que nos diste en el camino del Calvario, permitiendo que el Cirineo te ayudase a soportar el peso de la Cruz. De ese modo nos diste a conocer el gran misterio de participar de la Cruz, llevando la nuestra.
     
    Haz, pues, que siempre tenga presente en medio de las aflicciones de la vida, que el Hijo de Dios en el camino del Calvario nos invitó a todos en la persona del Cirineo a llevar una parte de su misma Cruz; de esta manera, teniendo parte en tus sufrimientos, también la tendré en tu gloria. AMÉN.

 

  • Jesús pacientísimo, qué visión tan triste se ofrece a la vista cuando te contemplo en el camino del Calvario caer en tierra por tres veces, abrumado con el peso de la Cruz; a Ti, que eres la fortaleza de los mismos cielos.
     
    Yo me confundo al considerar que esas caídas no fueron sino la expiación de mis culpas y el origen de la fortaleza que me sostiene para que no caiga.
     
    Gracias te doy, y te suplico rendidamente por el mérito de esas caídas, que camine yo siempre con paso firme por la senda de la vida hasta llegar al término felicísimo que es la Gloria donde eternamente te alabaré. AMÉN.

 

  • Jesús afligidísimo, que en medio de tantas humillaciones y amarguras como sufriste en el camino del Calvario, a nadie sino a unas pobres mujeres viste manifestar su compasión derramando copioso llanto.
     
    Yo deseo consolarte, Jesús mío, al verte en esa actitud tristísimo, y pues las lágrimas que te son gratas son las del arrepentimiento, yo quiero derramarlas copiosamente si Tú me ayudas con tu gracia para que, santificada mi alma, sea cada vez más digna de tu amor, y sirviéndote en santidad y justicia todos los días de mi vida, vaya a gozar de tu hermosa vista en el Cielo. AMÉN.
     
    Gracias te doy, y te suplico rendidamente por el mérito de esas caidas, que camine yo siempre con paso firme por la senda de la vida hasta llegar al término felicísimo que es la Gloria donde eternamente te alabaré. AMÉN.

 

  • Jesús Nazareno, que, caminando como verdadero Isaac, llegaste al monte del sacrificio con el más ardiente deseo de ofrecerte al Eterno Padre, como la única víctima que podía satisfacer a su justicia infinita.
    Yo te doy gracias por esa manifestación suprema de tu amor hacia los hombres y deseo de alguna manera manifestar mi gratitud. Pero, ¿qué haré para ello, Jesús mío, siendo tanta mi miseria?, ¿qué te daré yo, cuando Tú has dado la vida por mí?
    ¡Ah Señor, no tengo otra cosa más de tu agrado que darte, sino mi corazón! Acéptalo, pues, benignamente y con él todo mi ser, mis sentidos y potencias. Quiero ser todo tuyo, Jesús amante. Quiero vivir unido a Ti en el tiempo para después reinar contigo en la Eternidad. AMÉN.

 

Oraciones a María Santísima de los Dolores

 

  • Oh Virgen, la más Dolorosa del mundo después de tu Hijo, a cuyos dolores estuviste perpetuamente asociada; te ruego que me alcances fortaleza para sufrir por mis pecados, como tú sufriste por los nuestros, a fin de que, crucificadas mis pasiones y concupiscencias en la Cruz de Cristo, llevando la cruz de mi deber por el camino de la vida, caminando en pos de mi Señor y perseverando constantemente a tu lado, oh Madre mía, al pie de la Cruz de tu Hijo, viva siempre y muera contigo, redimido y santificado, por la sangre preciosísima de nuestro Redentor. También te pido, por tus dolores, que oigas mi petición en este triduo y, si conviene me la concedas.

 

  • Oh Virgen Dolorosa, siendo tu árbol florido y fructuoso, fuiste tan afligida, y yo árbol seco e inútil, quiero vivir regalado y soy impaciente de toda molestia y adversidad. Rúegote me concedas espíritu de penitencia, humildad y mortificación cristiana para imitarte a ti y a tu amado Hijo crucificado por mí.

 

  • Oh Virgen Dolorosa, por el dolor que sufriste cuando el anciano Simeón te profetizó las contradicciones con que el mundo había de perseguir a tu Hijo, te suplico no permitas que yo me encuentre entre los mundanos enemigos de tu Hijo, sino entre los que profesan dócilmente su doctrina y la reflejan en sus costumbres verdaderamente cristianas, para que sea también de aquellos a quienes Él será resurrección y vida. Amén.

 

  • Oh Virgen Dolorosa, por el dolor que tuviste cuando el soberbio y ambicioso Herodes quiso dar muerte a tu Hijo, que venía a darnos vida, líbrame de toda ambición y soberbia y haz que, en vez de arrojar de mi lado a tu Hijo, le llame a mí, y, pospuestos todos mis intereses, le haga reinar sobre mí, siendo yo su vasallo fiel y obediente, para reinar con Él en la Gloria. Amén.

 

  • Piadosísima Madre y Señora Nuestra, que, compañera inseparable de tu dulce Jesús, le seguiste con invicta fortaleza por el camino del dolor como Corredentora de la Humanidad; nosotros te suplicamos, ¡oh Reina de los Mártires!, que, puesto que estás tan cerca de Jesús, recabes de Él continuamente beneficios y mercedes.
     
    Acuérdate, Virgen Inmaculada, que eres Madre de hijos muy necesitados que ponen en ti su confianza, considerando el alto grado de poder  a que quiso encumbrarte Nuestro Dios y Señor, y al mismo tiempo tus entrañas de ternura y bondad.
     
    Ampáranos, pues, Madre amada, y nada temeremos ya; cúbrenos bajo tu manto de misericordia, que, protegidos por Ti, después de servir al Señor con fidelidad en esta vida, te iremos a alabar por toda una eternidad. AMÉN.

 

Oraciones a Santa María Magdalena

 

  • Glorioso ejemplo de penitencia, María Magdalena, cuyo pecado en el mundo fue el amor, y a él debiste el triunfo de vuestra conversión venciendo todos los obstáculos que a ella se oponían por el amor, mereciendo que el Salvador del mundo te dijese aquellas palabras de muchos pecados te serán perdonados porque has amado mucho; haz que nosotros te imitemos en la pronta, generosa y eficaz conversión vuestra, alejando, cual tu hiciste, las pasiones que te tiranizaban en una edad en que tu corazón se hallaba vivo y ardiente para el placer, cuando por curiosidad fuiste a ver y oír al Salvador del mundo y le seguiste sin vacilar; haz que nosotros a imitación tuya, le sigamos y lo abandonemos todo para servirle y amarle eternamente. AMÉN.

 

  • Glorioso ejemplo de penitencia, María Magdalena, que tan pronto conociste el estado lastimoso de tu alma no esperaste al momento en que Dios te abrió los ojos, y la gracia movió tu corazón, tiempo más oportuno, ni ocasión más favorable ni lugar distinto que hiciera menos ruidosa tu conversión y sacrificio, renunciando al orgullo de las riquezas, a la vanidad de tu nacimiento, a los encantos de tu hermosura, a los placeres del mundo para llorar pasadas culpas, haz que nosotros, que te hemos imitado en el pecado, desprendidos de todos los afectos impuros, te imitemos en tu sincero y admirable arrepentimiento. AMÉN.

 

  • Glorioso modelo de penitencia, y no de una penitencia tímida que se recata, que se disimula, sino de una penitencia intrépida, resuelta, generosa; que obtiene la victoria más completa, el triunfo más cabal sobre los respetos humanos, el amor propio y el orgullo; te acompañamos con humilde espíritu a la casa del fariseo, donde está Cristo, en donde no avergonzándote de aparecer arrepentida, y sí sólo de haber sido pecadora, te postraste a los pies de Jesucristo, ungiste con aromas sus pies y con tus cabellos hermosos los enjugaste, purificando tu boca, mil veces manchada con palabras de pasiones ardientes, con las señales de santo afecto y ternura, besando los pies del Señor. Haz que a imitación tuya venzamos el más grande obstáculo que se opone a nuestra conversión y penitencia y que nos hace descuidar nuestro más importante negocio, la salvación de nuestras almas. AMÉN.

 

  • Glorioso modelo de penitencia, que recibiste del señor muestras de su divina bondad, haz que el Señor nos oiga y atienda nuestras súplicas: Jesús, esta alma que amas, redimida por tu preciosa sangre, admitida al santo Bautismo, a la participación de la comunión eucarística, flaquea, desfallece, está enferma y sino acude a Ti, se muere. Haz que por media de la gracia nuestras almas resuciten a la vida y salgan del pecado como Lázaro salió del sepulcro. AMÉN.