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Patrimonio literario

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Empecemos con el que ya es un clásico en nuestra Cofradía, la bellísima y entusiasta descripción que en 1.934 hizo José María Pemán de la salida del Nazareno desde la Iglesia de Santa María. En ella descubrimos cómo era la salida procesional de Nuestro Titular en aquellos convulsos años, visto desde la genialidad y la perspectiva política del gran escritor gaditano.

 

Así como el sol que nace
vistiendo de luz el
día,
así de Santa María
salió ayer noche... el que hace
tres años que no salía.
 
¡Qué buen mozo que iba él
cuando se asomó al dintel,
al sonar las ocho en punto,
con su cara de difunto,
y sus labios de clavel!
 
Temblándole las melenas 
de los tambores al son: 
atadas con un cordón
las dulces manos morenas;
¡con qué miradas serenas
y con qué resignación
el árbol de su aflicción
sobre sus hombros resiste!...
Le han puesto un poco más triste 
los tres años de prisión.
 
Va saliendo la serpiente 
de oro, fuego, seda y raso,
mientras que bordan su paso 
de comentarios, la gente:
 
–La melena es de verdá.
–Dicen que la regaló
la novia de un pescadó
que salvó Jesús del má,
–¿Hace tiempo? – Sí, señó...
 
–¡Oye tú,  moreno,
mira y arrepara:
¿No va el Nazareno
como si llevara
la vista asombrá?
 

–Es que echa de menos
la Marcha Reá.
–Bueno, niño, bueno:
Que te oye el sereno.
¿Te quieres callá?
 
–¿Quiere usté apartarse? –Graciosa, ¿por qué?
Yo no la he empujado. –¡Será su familia!
–Es que estoy muy a gusto cerquita de usté.
–Pues vuelva mañana... –Mañana es vigilia...
–No tiene usté gracia... ni lo que yo sé.
 
Y entre el rebullicio de los comentarios
lenta, acompasada, monótona y queda
igual que un rosario
con cuentas de fuego y engarces de seda,
va la procesión.
Con rítmico son
tocan los tambores.
Huele a cera y flores.
La trompeta chilla.
Y el de la varilla,
Con mucho decoro
de prosopopeya, va y viene en la calle
por lucir el talle
ceñido de oro.
 
Y va el estandarte bordado
con su terciopelo, violeta, chafado,
que llena la cera de gotas y mocos,
y que el oro borda de formas inquietas
y giros barrocos
como las saetas.
Y el de la farola
la lleva cogida de una mano sola;
y con la otra mano, que logró, violento,
con muchos esfuerzos y mucho empujar
meter no sé cómo
por el guante blanco que le dio un sargento,
se tapa el cigarro, porque “el mayordomo
no deja fumar”.

Y detrás va el “paso” con el Nazareno,
pendientes de las greñas, el rostro moreno,
y la cruz de nácar sobre el hombro, tiesa.   
Y delante, jarras y “centros” de mesa
que hacen de floreros
y los candeleros de plata brillante, 
cuajados de velas benditas
con estalactitas
de cera colgante.

Y se nota la falta delante
del representante
del Ayuntamiento,
que con paso lento
y gran compostura
iba junto al cura
y aguadaba lleno de afán 
el momento de las procesiones
para usar el tarro de la brillantina,
sacar la chistera de la naftalina
y lucir la raya de los pantalones.
 
Y así se va el cortejo. Se juntan los dejos
de tristes saetas
y los agrios toques con que las trompetas
despiertan la noche callada. A lo lejos
la luna de abril
pinta de azahares
el cielo, los mares
y el sable desnudo de un guardia civil.
 
Huele a cera y flores.
Cada vez más bajo suenan los tambores…
Cada vez más lejos se oyen los clarines
y el compás de tango que en los adoquines
tocan las horquillas de los cargadores…
 
Y se va perdiendo por la esquina el “paso”,
y los penitentes vestidos de raso
que, con sus zapatos de hebilla y charol, 
van formando, al hilo de sus filas prietas,
largas cordilleras de picos violetas
como esas que pinta, poniéndose, el sol.
 
Y mientras se va el rosario
de oro y luz, anda que anda,
vuelve monótona y blanda,
la rueca del comentario
a hilar su mecha sedosa:
                - ¿Lo viste?... ¡Tiene una cosa!
                - ¡Tiene una cosa!... ¿Lo viste?
                - ¡Tiene una cosa más rara!
                - ¡Tiene una cosa más triste!
                - ¡La mano tiene y la cara
de clavel esmorecío!
                - ¡Se siente al mirarlo frío!
                - El rostro descolorío
tiene una amargura nueva…
                - ¡Es que es mucho lo que lleva, va de tres años, sufrío!

Casa Hermandad

Inmemorial, Venerable, Pontificia y Real Cofradía de Penitencia de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santa Cruz de Jerusalén, María Santísima de los Dolores y Santa María Magdalena

Capilla de Jesús Nazareno
C/ Santa María s/n
11.005  Cádiz (CÁDIZ)

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